jueves, 10 de julio de 2008

Edenburgh: an old game

Suspiras al llegar a unas largas escaleras. Llevas tanto tiempo caminando sobre piedra mojada que te tomas un respiro antes de emprender el nuevo camino. Eres capaz de orientarte en el caos, las calles empinadas que primero habrás de subir y luego bajar sin orden, porque es así.

La gente a tu alrededor ríe, porque el fresco ambiente regala melodías de libertad y sueños. Las palabras no importan porque más allá de todas ellas está el viento tarareando alguna canción que viene de la cima de las montañas, del susurro del aire contra las alas de las gaviotas y los cuervos.

Las escaleras siguen en el mismo lugar que hace mucho siglos, con sus escalones erosionados por el paso del tiempo y todos esos zapatos que han tenido que pisarlos. Se dice que hay fantasmas, y no me extrañaría nada que tras de mí apareciera uno polvoriento susurrando 'uuuh, uuuuh'.

Sigo mis paso, desbloqueo puertas que me pueden llevar tanto a la ruina total como al paraíso de esta ciudad. Pero así es el juego, se puede perder o ganar. En el burgo del Edén.

1 comentario:

Melnibone dijo...

Precioso y melancólico viaje…
Palabras maravillosas, que parecen impulsadas por esa fuerza que se que tienes.
No he podido resistirme a crear un espacio en este lugar, ya que no me dejaba comentar si no lo hacía.
Espero que te hayas disfrutado (Al menos pasar) por ese magnífico lugar, como tú dices lleno de historia, la historia que suele dejar la huella más imperecedera, “La historia de las personas que pasaron por allí”.
Me encanta cuando describes lo lejos que parece esta el murmullo de la calle y el silencio y la sensación de entrar en otro mundo, al bajar los escalones.
Muchas gracias, por describir esa experiencia.
Un abrazo Sara.